2 de diciembre de 2025
A mi querida familia en Buenos Aires:
Seguramente ya han notado mi ausencia en casa y quiero que sepan que nunca tuve la intención de irme tan lejos. Es posible que la fecha les resulte extraña, ya que es el día en que viajé. Mi salida consistía en ver un par de bandas locales y una alemana, pero antes de la banda final, el tiempo y el espacio se distorsionaron y desde entonces no tengo salida.
Me encuentro ahora mismo escribiendo esta carta en Bélgica, luego de la época más sangrienta de la historia, 1918. Así es mamá, estuve en la Primera Guerra Mundial, peleando del lado alemán. Pero antes de que busquen mi paradero, quiero contarles cómo inició este viaje:

Ese 2 de diciembre fui al Teatrito, en Buenos Aires, para ver a Kanonenfieber, con una idea de lo que iba a ser el show, pero sin imaginar que iban a superar mis expectativas. A esta banda la telonearon dos locales, más bien una, ya que Demiurgo se bajó a último momento, dejando a Rhaug con más tiempo.
Antes de que comenzara la primera agrupación, se vio algo inusual. Los alemanes ya estaban entre nosotros. Había cascos, así como los soldados germanos, metidos en las cabezas del público. La fascinación por el revisionismo histórico se escuchó de principio a fin y todos concordaban en una misma frase: “Esto será algo inigualable, un hecho histórico. Lo voy a recordar por siempre.”

En este clima tan atemporal apareció Rhaug. El humo cubrió todo el escenario y las luces se redujeron. Entre la bruma aparecieron los encapuchados que tocaron casi 45 minutos. En ese lapso tuvieron pasajes veloces y desgarradores, lentos e inmersivos, demostrando el porqué de su relevancia pese a ser un grupo relativamente nuevo.

Hasta el momento, parecía un recital de black metal típico, pero no lo fue. En el periodo de espera de la banda principal, el viaje comenzó. Media hora con música alemana de 1914 grabada en el modo mono hizo sentir que el lugar se coloreaba en sepia.
Primer acto: Plan Schlieffen
De pronto, las luces se apagaron y la voz de un sargento nos anunció que algo estaba por suceder. Entre estruendos emergieron los soldados uno a uno, en el anonimato, con las caras tapadas. Era el ejército de Kanonenfieber. La canción estaba en la intro hasta que el general Noise dio la orden de comenzar la guerra y desatar el caos. “Menschenmühle” y “Sturmtrupp” abrieron el pogo bélico. Fue entonces que me di cuenta de que me encontraba en Bélgica, junto con un grupo de alemanes patriotas, para atacar Francia. En el medio, quemamos ciudades, saqueamos a los civiles y masacramos al pueblo belga. Un horror que fue frenado por las fuerzas británicas. Nos tuvimos que retirar.

Segundo acto: Segunda batalla de Ypres
El oficial Noise salió a escena nuevamente aparentando frío, en un clima gélido. Los combatientes se protegieron del gas. Hans Kaufmann, el baterista, se volvió el tamborilero de la marcha en “Der Füsilier I” generando que las fuerzas del general y sus soldados aumentaran.

Entonces el alto mando leyó una carta de lo que aparentaba ser su familia, se alegró, y luego procedió a dar la directiva: avancen. El gas mostaza arrasó con los franceses, argelinos y canadienses. Teníamos que pasar con máscaras por el campo de batalla, de lo contrario sufriríamos el mismo destino que nuestros enemigos. Nos dirigimos a Artois, donde nos aguardan con trincheras y túneles secretos.
El lugar se volvió terroso, Hans se atrincheró en su batería rodeada de bolsones, aguardando por los ataques rivales. El comandante dirigió “Grabenlieder”, marcando los fosos enemigos, dónde y cuándo teníamos que atacar. El polvo y el humo redujeron la vista, pero los disparos no cesaron.

Habíamos logrado pasar la ofensiva francesa, pero algo no estaba bien. Llegamos al paso de Givenchy, donde el suelo misteriosamente comenzó a estallar. El general supo que era obra de los ingleses y que debíamos proceder con cautela. Por ello nos mandó a un grupo reducido a infiltrarnos en sus filas, dirigido por él. Descubrimos que las compañías británicas estaban cavando túneles debajo. Noise dirigió la expedición con “Der Maulwurf”, en su mano alzaba una pala, mientras en la otra iluminaba con una vieja linterna. Nos teníamos que cuidar de las minas que se caían a pedazos, pese a ello, nuestro líder no dejaba de cavar y palear. Sabía que no iba a morir allí. Nos escapamos, pese a las muchas bajas, aún marchamos.

Tercer acto: Batalla del Somme
Avanzamos al río Somme, donde estuvimos durante cinco meses. Ambos bandos perdimos a muchos compatriotas, el alemán aún más. Desgraciadamente vimos la nueva tecnología inglesa, los tanques. Los “Panzerhenker” son increíblemente destructivos. Tendríamos que ingeniar nuevas técnicas para salir adelante. Trágicamente, no teníamos fuerza. Los suministros de a poco se iban agotando.

Cuarto acto: Batalla de Jutlandia
La base nos envió la información de que Alemania estaba sufriendo escasez de alimento, producto de un asedio naval. El “Ubootsperre” funcionó, lamentablemente. Desde los mares llegaron las cartas de “Kampf und Sturm”, los submarinos propios han estado bajo asedio constante, luchando contra los buques británicos. Debíamos resistir.

Nuestras fuerzas habían intentado romper el bloqueo en Jutlandia, pero no resultó. Aún se escuchaban las marchas, los cañones y gritos de guerra de los marines: “Z-Vor”. La última carta de los U-boots llegó. El general que ha comandado la flota sabía que este sería su último viaje, estaban preparados para morir. Noise dirigió el tamborileo a la par de su colega baterista. El Heldentod, la gloria de morir en batalla, era inevitable. Han muerto. A nosotros posiblemente nos espere un destino similar.

Quinto acto: Retirada
Los fantasmas de la guerra nos persiguen. He tenido un sueño recurrente en el cual el general Noise es un esqueleto que aún dirige la ofensiva. Y no cualquiera, la más sangrienta de todas, en “Verdun”. Desde las tinieblas emergió el cuerpo de este soldado, con calavera y casco alemán. Miró y observó a los batallones ensangrentados, nos dijo que se lamentaba, pero aún seguía ordenándonos matar. Nos dijo que la “Ausblutungsschlacht” está por terminar, pero pareciera que no. Se persignó y amenazó al enemigo. Presentí que él necesitaba seguir en batalla, que su vida es la guerra constante.
Este sueño terminó con “Als die Waffen kamen”, aquel pequeño batallón cerró con el saludo al corazón. Todos firmes, con su mano derecha y puño cerrado a la altura de su corazón. Noise no. Él tiene las manos detrás de su espalda, sin nada que decir. Tras una reverencia general, uno a uno se fueron retirando y el telón se cerró. El sueño sangriento acabó.

Familia, espero que me entiendan que mi paradero no se encontrará en un futuro. Ya no soy quien solía ser, ya no puedo regresar a mi tiempo ni a mi vida. He encontrado el consuelo de la guerra en Kanonenfieber, no como una forma de glorificarla, sino de marcar los horrores que han acontecido. Aunque ese show ha finalizado de manera abrupta, llegué con la necesidad de más, de seguir escuchando a estos alemanes que no sé si regresarán. Sólo queda en mi consuelo que mis ojos han presenciado un hecho inigualable.
Cierro esta carta con un “hasta pronto”, con ánimos de volvernos a ver.

Crónica: Candela Álvarez | Fotografía: Maru Debiassi
Setlists:
Rhaug:
1- Winter
2- Perpetual
3- Cruel
4- Kaiser
5- As it drown
6- Arrogance
Kanonenfieber:
1- Grossmachtfantasie (track)
2- Menschenmühle
3- Sturmtrupp
4- Der Füsilier I
5- Grabenlieder
6- Der Maulwurf
7- Panzerhenker
8- Ubootsperre
9- Kampf und Sturm
10-Z-Vor!
11-Die Havarie
12-Verdun
13-Ausblutungsschlacht
14-Als die Waffen kamen (track)
Crónica: Candela Álvarez | Fotografía: Maru Debiassi



































