ALESTORM en Argentina, El teatrito – 22/03/2026

Crónicas de altamar: Alestorm invadió El Teatrito en su regreso a Argentina

Los piratas escoceses Alestorm anclaron en Buenos Aires y desembarcaron en El Teatrito el pasado 22 de marzo, frente a toda su tripulación de marineros argentinos que colmaron el lugar para vivir una verdadera fiesta. La cita se dio en el marco de su gira “Thunderfisting Latinamerica 2026”, en la que presentan su última colección de salomas, “The Thunderfist Chronicles” de 2025.

Para desplegar velas en la noche porteña, los rionegrinos BARLOVENTOS se subieron a las tablas de Sarmiento 1752 bajo una lluvia de ovaciones y aliento de los presentes, que para las 20:10 (veinte minutos antes del horario pautado) ya había ocupado más de la mitad de la su capacidad. Durante casi 50 minutos, el barco capitaneado por Julián Ariaudo (voz principal) y Dino Caldironi (teclado y acordeón) desplegó gran parte de su material bajo un ambiente festivo que ya anticipaba lo que sería el resto de la velada.

A su término, el equipo técnico se encargó de desarmar lo más rápido posible la batería de Martín Fernández, ya que había que dejarle el lugar al gran protagonista de la noche: el patito amarillo. A medida que se iba inflando e iba ocupando gran parte del escenario, el público empezaba a caldearse cada vez más y a pedir por la salida de la banda. La espera fue muy corta…

… porque minutos antes de las 21:30, una grabación de la canción de cancha “Vamos vamos, Argentina” empezó a sonar como anticipo sorpresa a la salida del conjunto. Luego, las luces se apagaron y comenzó a escucharse la presentación pregrabada clásica de todos los shows de Alestorm. Desde detrás del patito,  tomaron sus posiciones Elliot Vernon en teclados y Peter Alcorn tras la bateria, mientras que el keytarrista y vocalista Christopher Bowes, el bajista Gareth Murdock y el guitarrista Máté Bodor accedieron al escenario por el frente (algo inusual pero es que el pato no dejaba espacio!), saliendo ante una gran marea de aplausos y coros de un Teatrito colmado de entusiastas listos para la fiesta.

Como de costumbre, la icónica intro de “Keelhauled” comenzó a sonar y el centro del recinto se convirtió en un remolino de personas girando hasta que comenzaron a chocarse entre sí con la explosión del tema. Le siguieron “Killed To Death By Piracy” y “The Sunk’n Norwegian” manteniendo el mismo nivel de festividad. Sin embargo, en estas primeras tres canciones, la voz de Vernon se escuchaba más baja en comparación con el resto de la mezcla, que sí estaba en un punto óptimo.

Este pequeño desperfecto ya estaba solucionado para cuando empezó “Uzbekiztan”, lo que se notó en la potencia de las voces guturales del tecladista. Sin respiro, le siguieron “Mexico” y “Under Blackened Banners”, antes de que el público se amotinara y comenzara a cantar el clásico “Olé olé olé, cada día te quiero más…” que toda fanaticada argentina le dedica al artista de turno.

El show continuó con “Banana” y “Zombies Ate My Pirate Ship”. Durante esta última, Bowes se bajó del escenario para continuar la performance unos instantes junto a los fanáticos afortunados de estar en el vallado. Luego, durante la ejecución de “Hangover”, MC Shark (personificado por el técnico de batería de la banda, Paul White) se encargó de la parte rapeada de la canción.

La seguidilla de canciones fue tan rápida que, en menos de 40 minutos, habían despachado casi la mitad del setlist y con canciones muy enérgicas, por lo que era necesario un descanso. Esto llegó de la mano de “Nancy The Tavern Wench”, una de las “baladas” más reconocidas del conjunto. Al inicio, los tripulantes ubicados en el centro de la pista se sentaron en el piso y empezaron a moverse como si estuvieran remando. Luego, durante el estribillo, ya nuevamente de pie, la gente se abrazó con quienes tenía a sus costados mientras se mecían de un lado al otro.

La fiesta continuó con el tema que da nombre a la banda y con “1741 (The Battle Of Cartagena)”. Sorpresivamente, esta pieza fue uno de los puntos más bajos en cuanto a energía del público, que no saltó ni pogueó tanto como cabría esperarse en una canción con un riff tan pegadizo y que invita al choque de cuerpos. Sin embargo, haber dejado tan solo media vela ayudó a que la tripulación descanse y luego retome el ritmo adecuado para “The Storm”, “P.A.R.T.Y.” y “Shit Boat (No Fans)”.

Después de unos minutos detrás de escena, Christopher Bowes regresó y empezó a presentar a toda la banda antes de comenzar con los bises. La recta final del concierto comenzó con “Drink”, el himno por excelencia de la banda. Para finalizar, las elegidas fueron “Wooden Leg”, “Fucked With An Anchor” y “Rumpelkombo”. Así, se despidieron de su tripulación argentina, dejando un rastro de alcohol a su paso y la promesa de un pronto regreso.

El concierto fue una verdadera celebración, lo que es costumbre en los shows de Alestorm. Aunque el sonido no sobresalió, fue correcto y estuvo todo en su lugar, salvo la mención del micrófono de Vernon al principio del show. Pero sí hay que sacarse el sombrero ante el trabajo de los iluminadores, que estuvieron muy aceitados para coordinar las luces con los diferentes momentos de las canciones. Esto, sumado al ambiente creado por el público, dieron como resultado un espectáculo que entra en la competición al mejor recital del 2026.

Fotografía: Maru Debiassi | Crónica: Nicolás Cardinale

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